sábado, 6 de abril de 2013

No hubo luz, sólo muerte.


"No hubo luz: sólo muerte.
Aquel hogar no era nuestra casa.
Si algún rescoldo queda
es un temblor extraño como una mala noche
que se me enreda ya por la garganta,
sabe a ginebra
y duele."
Javier Egea, Paseo de los tristes.

 

Fotografía de Juan Manuel Castro Prieto.

 
  
Fue un momento efímero. Tan rápido como vino, se fue. Sin embargo, duró lo suficiente para poder decir que lo extrañaba. Lo suficiente para tener que hacerse con la ausencia. Para tener que acostumbrarse a lo cotidiano. Fácil, para entonces había aprendido que gran parte del camino para la adaptación se encontraba en los demás. Si le dejaba, el mundo entero estaba encantado de hacer el trabajo. Estímulo, estímulo, estímulo… Y la respuesta casi venía dada. Casi nunca importaba, casi nadie escuchaba lo suficiente para reconocerse a sí mismo en la respuesta recibida. “Sí, sí, sí…”.

Y otro momento. Se abrió la ventana, entró la corriente. Y la corriente fueron tus pasos, pisoteando mi rincón secreto. Y fue la intolerable inyección de adrenalina en mi supuesta plenitud, que me abofeteaba sin pudor, “¡llevaba gritándote meses!”, me espetaba. El brillo de tus ojos se tradujo en posibilidad, y la luz que te iluminaba como de costado, la pasión que te envolvía, impregnando cada preposición, en demasiado real. Y esos aires de antihéroe pero sin el anti. Parecía que tenía que arder, que teníamos que arder. Era imperativo. Tu cuero, mi cuero… Y el ron.

No fue así. La normalidad se había infectado de melancolía. Lo cotidiano oprimía y hacía mella: sonaba a despedida en calles, pasos, besos. Era una despedida no fingida; sangrante y cruel. Dejaba la herida al descubierto, y ahora tenía que exhibirla como si de una cojera crónica se tratara. La posibilidad de ti se estampó contra mi barrera e interpretaste la luz que te iluminaba como un dedo acusador. Sin darme cuenta tus ojos eran herida. Tu pasión, tu cuero, el ron, herida. Y el fuego, cenizas.

Sol Fonruge.
 
 

1 comentario:

  1. Cómo alguien puede seguir tus pasos, si vas borrando las huellas según las creas. ¡Yo también quiero volver a empezar!

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