Hay quienes nunca dejarán de sentir atracción por las mareas.
Puedo verles. Se colocan frente a ellas dispuestos a enfrentarlas,
y, puedo asegurarte que la fuerza que golpea mis sentidos cuando ese
momento se produce trasciende todo cuanto crees conocer. La fuerza
con la que el mayor de los imanes te atraería no es nada: en ese
momento son capaces de caminar sobre el agua , y tú lo sabes.
Lo más impresionate es que puedes leer los signos en sus cuerpos:
se inclinan hacia delante y, si te fijas bien, los pulmones que les
mantienen con vida aparecen hinchados, y rosados, y algunos tienen
esa pequeña muesca casi imperceptible que lleva cierto cartel capaz
de avergonzarles en un momento de debilidad. Pero se yerguen
exultantes, con esa mirada que traspasa tu cuerpo opaco y duro e
impenetrable, con esa mirada que continúa allí donde tu horizonte
sólo acaba de empezar.
Y cuando haces acopio de valor y alcanzas a preguntarles cómo,
por qué... Obtienes sus manos extendidas, las palmas hacia arriba, y
una enigmática sonrisa por invitación.
Sólo puedo decir que existen, que los he visto, y que cuando irrumpen en tu vida no puedes más que dejar a tus rodillas temblar, a tu aliento entrecortarse y a tu corazón desbocarse.
Sol Fonruge.
