“Apenas tuve tiempo
de ocultarte
Esta pequeña
cicatriz que llevo
Señalando en el pecho
la tierra quemada,
La tierra
despoblada, la miserable tierra
Donde trabaja el
corazón y muere.
Casi a la media
tarde nos quedamos desnudos,
Casi bellos y juntos
y amantes
Celebrando la risa
en un beso
De absoluta
complicidad.”
Javier Egea.
Mira mi cicatriz. Es una
superviviente.
Una vez rompía un vaso en su cocina, era de noche,
los vecinos se asustaban por los gritos. Había un sofá. Él pulsaba una tecla y
creía que con eso participaba de Ray Charles. Entonces yo pasaba a ser invisible.
Chillaba, pero la voz se atascaba en mis cuerdas vocales y los vecinos podían
irse a dormir tranquilos. Era Charles quien contestaba, nunca eras tú. “Where have I
been all these years? How
long has this been going on?”
Hubo
una vez en que abrasaba. Era cuando el sudor de las noches me precipitaba en
interminables espirales; laberintos donde salir a la superficie significaba
ahogarse.
Hubo
un tiempo en que me acordaba. Luego, las espirales se fueron conformando con este
trocito de piel. Es como la basura que siempre estará en el fondo del cubo. No
es que me enorgullezca, pero es bonita, ¿verdad? Elegante. He aprendido que
ahora puedo hablar de ella, si quiero. Ahora puedes mirarla y tocarla. Dame la
mano, mira.
Sol Fonruge