domingo, 3 de noviembre de 2013

A hard rain is gonna fall



Poco a poco empezaba a percartarse de cuál había sido hasta entonces su mayor error. La vida le quemaba tanto por dentro que era como una avalancha imparable. La electricidad le corría por las venas a un ritmo tan frenético que al rozarles, ellos siempre resultaban heridos. Les quemaba, inmplacablemente. Paralizaba los cuerpos hasta dejarlos inertes, hasta acabar con ellos.

Volcaba toda su energía sobre su objeto, todas sus aspiraciones y metas; y todas esas ideas concebidas tras infinitas tardes de reflexión. En la interacción, ella misma no era solo ella, era ella y su pesada carga, ella y su idea del mundo. Ella y sus miedos, y su electricidad y su caos. Ella y sus flexibles y empáticos "lo que debería ser", "lo que sería si" que tenían el mismo efecto que una bomba.

Cuando pisaba cuidadosamente las baldosas de su camino se encontraba con que éstas se destruían bajo sus pies, y sólo podía correr, correr, correr, hacia delante. "One way", decía el cartel. Ella sabía que había otros como ella, corriendo en paralelo, también hacia delante. Y soñaba con ellos, con que algún día el paralelo se extraviara por su camino. Y soñaba con que, al agarrarles las manos para indicarles la salida, la electricidad no quemara ni devastara: que ardiera, hacia arriba, hacia delante. Que fuese fusión y paralelo y conjunto y nunca más un ella y su mundo, jamás.

Sol Fonruge

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