Poco
a poco empezaba a percartarse de cuál había sido hasta entonces su
mayor error. La vida le quemaba tanto por dentro que era como una
avalancha imparable. La electricidad le corría por las venas a un
ritmo tan frenético que al rozarles, ellos siempre resultaban
heridos. Les quemaba, inmplacablemente. Paralizaba los cuerpos hasta
dejarlos inertes, hasta acabar con ellos.
Volcaba
toda su energía sobre su objeto, todas sus aspiraciones y metas; y todas
esas ideas concebidas tras infinitas tardes de reflexión. En la
interacción, ella misma no era solo ella, era ella y su pesada
carga, ella y su idea del mundo. Ella y sus miedos, y su electricidad
y su caos. Ella y sus flexibles y empáticos "lo que debería
ser", "lo que sería si" que tenían el mismo efecto
que una bomba.
Cuando
pisaba cuidadosamente las baldosas de su camino se encontraba con que
éstas se destruían bajo sus pies, y sólo podía correr, correr,
correr, hacia delante. "One way", decía el cartel. Ella
sabía que había otros como ella, corriendo en paralelo, también
hacia delante. Y soñaba con ellos, con que algún día el paralelo
se extraviara por su camino. Y soñaba con que, al agarrarles las
manos para indicarles la salida, la electricidad no quemara ni
devastara: que ardiera, hacia arriba, hacia delante. Que fuese fusión
y paralelo y conjunto y nunca más un ella y su mundo, jamás.
Sol
Fonruge

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