“-Isolda,
en vano suspiras en la noche, en vano gritas mi nombre cuando ya no oigo,
cuando un sudor de sangre me cubre las orejas, cuando el cielo se vacía en mi
retina. Todo hombre es un cobarde. No creas en los excepcionales que te pinta
el sueño caído de otros astros menos palpables. El místico es el hombre del
pavor, es el hombre que no quiere estar solo, es el que quiere ser dos por
miedo a la soledad.
¡Ah,
si tú supieras!”
¿Por
qué los almendros y amor o muerte? ¿Por qué tienes que camuflarte entre las sábanas
y aparecer cuando todavía estoy sobreviviendo a las arañas? ¿Por qué teñir la
cadencia de la inspiración con tu negra figura? Sólo sabe a sangre, a locura, y
ahora sus cabezas ruedan infinitamente sobre la moqueta. Y lo odio. ¡Lo odio!
¿Por
qué me sonríes? No puede ser que no lo entiendas. No puede ser que estas manos
sólo me ahoguen a mí. ¡Déjame salir; desaparece! ¡Largo, fuera de aquí!
Sol Fonruge.

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